miércoles, 22 de agosto de 2018

Budismo, el Ocultismo y las enseñanzas inferiores

Comienzo por definir “Enseñanzas Inferiores”.

Basado en el criterio de la Quíntuple Comparación, la Primera Etapa de ésta, desarrolla el concepto de que Budismo es Superior a No Budismo. Es decir que toda clase de religión, filosofía, moralidad y ética que no sea Budismo cae en la categoría de No Budismo, cabe especificar aquellas como el Cristianismo, el Islamismo, el Confucionismo, Judaísmo, el Taoismo, el Brahmanismo, el Maoísmo, entre otros, son muy conocidos en todo el mundo; aun cuando se les pueda considerar, en algunos casos Enseñanzas Superiores, estos conceptos No Budistas de la vida no son tan profundos como aquellos del Budismo, en la medida en que no aplican la totalidad de la vida y la Ley de Causa y Efecto que penetra en las tres existencias de pasado, presente y futuro y que se encuentra en el ser como individuo enclavado en una comunidad en la cual se desenvuelve. (Material de Estudio Nº 4, Mayo 1997, Pág. 30)
Tomo palabras de Richard Causton en su disertación sobre “La Ley del Universo, capítulo, Quién es causa de su mal” para explicar lo siguiente: “En el pasado, antes de que la lógica del método científico prevaleciera en la observación de la realidad, los fenómenos de los cuales no se conocían las causas, se atribuían a la obra de Dios o de La Suerte o bien a Poderes Mágicos. Hoy, la ciencia ha demostrado que esos “fenómenos misteriosos”, no son más que efectos particulares de causas específicas. El trueno, por ejemplo, es producido por una descarga eléctrica en la atmósfera y no por la ira de los dioses.”
He aquí donde aparecen las enseñanzas inferiores que aplican básicamente en el ocultismo y ciencias ocultas, la magia y todo lo concerniente a la brujería y sus ramificaciones, al igual que a la astrología. Vuelvo a citar a Richard Causton en la misma disertación: “Muy a menudo, la causalidad es ignorada simplemente porque no nos conviene, porque no se adapta a nuestras convicciones. Cuando, por ejemplo, sufrimos por una relación infeliz, difícilmente reconocemos que nosotros mismos hemos establecido las causas de nuestro sufrimiento. Otras personas quieren creer que sus vidas son parte de un programa más amplio, o de un diseño, que, para quien sigue la astrología, está trazado en las estrellas.”
En épocas de dificultad como la nuestra, donde pareciera que todo es imposible de cambiar y solucionar, recurrimos, por la dificultad de mantenernos firmes en nuestras convicciones, a buscar soluciones fáciles y respuestas mas moldeadas a nuestras individuales conveniencias. Tal es el caso de las ciencias ocultas, la brujería o “que nos echen las cartas”.
Cuando buscamos la solución fundamental a todo aquello que nos aqueja, es muy fácil recurrir a estas enseñanzas no Budistas, ya que son una especie de atajo que nos hace sentir aliviados frente a nosotros mismos, excusando a veces actitudes irresponsables frente a hechos de nuestra cotidianidad, tales como relaciones humanas conflictivas, problemas financieros, entre muchos otros. Esta especie de esclarecimiento aparente, jamás encuentra la causa interna y se enfoca de manera exclusiva en elementos externos que no ayudan en lo absoluto en la consecución de resultados y soluciones a nuestros problemas, tal como lo contempla la Práctica del Budismo de Nichiren Daishonin.
“Nunca busques este Gojonzon fuera de ti mismo. El Gojonzon existe solo dentro de la carne mortal de nosotros las personas comunes que abrazamos el Sutra del Loto y entonamos Nam Miojo Rengue Kyo. El cuerpo es el palacio de la Novena Conciencia, la realidad inmutable que reina sobre todas las funciones de la vida”, (Major Writings, Vol. 1 m.p. 213).
Siguiendo la idea conceptuada en el Seikyo Criollo de Abril de 1996, Nº 293, Pág. 10, que toca el tema del Budismo y Ciencias Ocultas, citamos las siguientes palabras encontradas en el “Tratado sobre la Recitación del Daimoku del Sutra del Loto”: “Se debe distinguir sobre lo que es justo y lo que es erróneo desde el punto de vista de la Ley. Jamás se debe creer en potencias sobrenaturales ni poderes superiores a los cinco sentidos”.
El Budismo es una enseñanza basada en la razón, es decir, una Filosofía. El concepto de las Nueve Conciencias nos permite comprender, que desde el punto de vista Budista, la creencia en las ciencias ocultas es incorrecta. “Las Nueve Conciencias son: los cinco sentidos del tacto, el gusto, el oído, la vista y el olfato, la sexta es la conciencia del mundo material, la séptima, la conciencia del mundo espiritual, , la octava, la conciencia Kármica, la novena, la conciencia Fundamental Universal que el Daishonin definía como Nam Miojo Rengue Kyo”. (Seikyo Criollo, Diciembre, 1990, Nº 245, Pág. 11).
Las primeras cinco corresponden a los cinco sentidos mediante los cuales percibimos el medio ambiente material. La sexta conciencia (del Mundo Material) es donde la información proveniente de éstos es analizada y se hace coherente. Es en este caso donde diferenciamos qué es lo que tenemos en nuestro entorno inmediato, una persona es una persona y no un árbol, por ejemplo. Es allí donde se filtra la información y hacemos nuestra toma parcial de decisiones, tal es el caso de ubicarnos en un espacio y determinar que es peligroso y que no, para poder seguir adelante con nuestras acciones basadas en nuestra experiencia sensorial y perceptiva. La séptima conciencia o conciencia del Mundo Espiritual es donde pensamos, formamos ideas, analizamos problemas, divagamos y analizamos, filosofamos y tomamos en cuenta que acción debemos tomar, es nuestra respuesta salida del mundo interior. Estas siete primeras conciencias forman lo que conocemos como nuestras mentes concientes, es decir nuestra cotidianidad mientras estamos despiertos o en vigilia. No obstante lo expuesto anteriormente, la octava conciencia o conciencia kármica, sirve como depósito de nuestro Karma; todas las palabras, pensamientos y acciones, causas en forma general a nivel conciente o no, sensaciones y sentimientos, recuerdos buenos y malos. Todo ello vinculado en las tres existencias de pasado, presente y futuro, a lo largo de la eternidad de nuestra existencia y no existencia que encontramos claramente definida en el concepto de Las Tres Verdades. Las Tres Verdades son: 1.- La verdad de la existencia temporánea, física y material (ketai); 2.- La verdad de la no sustancialidad, el aspecto espiritual de la vida (kutai) y 3.- La verdad del Camino del Medio (chutai), la fuerza o energía que une y armoniza ketai y kutai. Para indicarlas, se utilizan las formas abreviadas de ke, ku y chu. Ke y ku son dos aspectos diferentes, pero inseparables de chu. Nichiren Daishonin afirma que chu se refiere a Nam Miojo Rengue Kyo, ritmo o Ley de la vida misma, mientras ke y ku se refieren respectivamente a Mio y Jo (de Nam Mojo Rengue Kyo), términos a través de los cuales se expresa la vida. Los conceptos expresados por las Tres Verdades se analizan separadamente solo para facilitar la explicación, dado que en realidad cada una de las tres contiene los otros dos aspectos de la vida. Es importante entender que representan un instrumento para examinar la entidad de la vida desde tres perspectivas diferentes, pero interdependientes. (Richard Causton en su disertación sobre “La Ley del Universo”, Capitulo El despertar de la Bella Durmiente). He aquí la conexión entre las Nueve Conciencias y Las Tres Verdades, a través de nuestra existencia y no existencia, vinculadas en esencia con la eternidad de la vida y Nam Miojo Rengue Kyo, que representa en sí, el eje primordial de la Vida, entendida en su eternidad.
La octava conciencia, actúa en un plano diferente a las siete primeras. Nuestra manera de reaccionar espontáneamente a una situación especial, nuestras corazonadas, opiniones subjetivas e interpretaciones basadas en nuestra naturaleza innata y experiencias pasadas, son todas manifestaciones de nuestra octava conciencia.
La misma define las circunstancias en las que nacemos, y continua influyendo sobre nuestras acciones, dando forma así a nuestro medio ambiente particular, de momento a momento a lo largo de nuestras vidas. Todos tenemos experiencias de esto, especialmente en lo que respecta a situaciones obviamente recurrentes, como cuando una persona propensa a los accidentes tiene otro percance. Sin embargo, la influencia de nuestro karma puede verse también en cosas aparentemente insignificantes; por ejemplo en el tipo de personas que se acercan a hablar con nosotros en las fiestas. (Seikyo Criollo, Diciembre, 1990, Nº 245, Pág. 11).
La octava conciencia se hace, predominante cuando dormimos, y aparece en forma de sueños y cosas semejantes. En esencia, podríamos afirmar que es la base de nuestra individualidad, debido a que, cuando morimos, es la octava conciencia la que persiste como “el ser no manifiesto (Ku)”, para formar la base de nuestra siguiente existencia corpórea (Ke) en forma física, de acuerdo con las causas que hemos hecho en ésta y otras existencias.
El factor común de la vida misma que nos une a todos, junto con el resto del universo, es la novena conciencia, la pura y constante fuerza vital universal, de la cual todas las otras conciencias obtienen su energía. (Seikyo Criollo, Diciembre, 1990, Nº 245, Pág. 11).
Pero, ¿Cómo podemos armonizarnos conscientemente con esta fuerza vital y hacer uso de nuestra sabiduría natural para realizar las acciones correctas para nosotros mismos y la sociedad en que vivimos? Nichiren Daishonin reveló que la novena conciencia es Nam Miojo Rengue Kyo y enseñó que para aprovecharla debíamos sencillamente entonar la frase misma. En otras palabras, el fin y el medio para alcanzarlo son uno y lo mismo. También incorporó la ley Nam Miojo Rengue Kyo en la forma del Gojonzon
Entonces, armonizarnos con la novena conciencia no significa que debamos ser “raros” en forma alguna. Todo lo que tenemos que hacer es entonar Nam Miojo Rengue Kyo con fe. (Seikyo Criollo, Diciembre, 1990, Nº 245, Pág. 11).
Al hacer esto, las otras ocho conciencias son iluminadas por la luz de la novena. Como resultado de ello, desarrollamos gradualmente nuestra energía y libertad, viéndonos cada vez menos limitados por nuestra percepción distorsionada de la realidad producida por los dictados de nuestro karma. Miramos hacia el futuro con un espíritu cada vez más vigoroso, y usamos nuestra alegría recién descubierta de la forma más creativa y valiosa posible. Descubrimos que tenemos más y más opciones, y menos obligaciones externamente impuestas. (Seikyo Criollo, Diciembre, 1990, Nº 245, Pág. 11). No olvidemos que la libertad se consigue día a día con nuestras batallas ganadas a partir de nuestra entonación de Daimoku y que la sabiduría es el resultado de la gran batalla que hace la inteligencia para esconderla de nuestros esfuerzos de fe.
Nosotros, los seres humanos o mortales comunes del Día Posterior de la Ley, tenemos la posibilidad de desarrollar los cinco sentidos hasta un punto asombroso, es decir, desarrollar las cinco primeras conciencias, sin embargo cuando se trata de la sexta, necesitamos de un proceso más complejo, para interpretar nuestro entorno, tanto externo, como individual. Es allí donde se manifiestan las dudas en relación a la comprensión real de nuestras circunstancias volcando así nuestras inquietudes al mundo exterior, haciendo que éste sea el responsables de nuestros acontecimientos diarios, incluso buscando en ese mundo exterior respuestas que sólo se hallan en nuestro interior (octava y novena conciencia).
Según podemos entender, en el Budismo, los poderes sobrenaturales equivalen al poder de la clarividencia (entendida en el sentido de “El que percibe los fenómenos con claridad”). Estos poderes sobrenaturales no van mas allá de lo que podemos racionalizar a partir de nuestra comprensión del mundo real de los fenómenos y su conexión con elementos tangibles, o podríamos decir Nuestra Historia Particular. Cuando intentamos ir más allá de nuestras percepciones caemos en el mundo especulativo y subjetivo, tal como lo dice el concepto de “ciencias ocultas”, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, vigésima edición: “Conocimientos y prácticas misteriosas, como la magia, la alquimia (ocultismo, nigromancia, taumaturgia, charlatismo), la astrología, etc., que desde la antigüedad, pretenden penetrar y dominar los secretos de la naturaleza”. En nuestra sociedad tan vinculada con tradiciones Afro descendientes, Gitanas y culturas propias de indígenas de nuestras tierras (Caribes, Wayu, Pemones, Yekuanas, etc.), respetando por supuesto a todas ellas y a su ascendencia sobre la sociedad Venezolana actual, hemos aprendido a adornar nuestras creencias con rituales esotéricos sin sustento filosófico y racional (ver la Tres Pruebas o Sansho, Prueba Documental, Prueba Teórica y Prueba Real). Todo esto nos conduce a un mar de adornos eclécticos a las filosofías de vida que profesamos, cualquiera que ésta sea. Tal es el ejemplo de la religión Cristiana que adorna con sus rituales a espiritistas, santeros y todo tipo de practicantes, que por su falta de profundidad, recurren a creencias de mayor valor histórico para sustentar las suyas propias. O aquellos que con elementos o medios externos (echadores de cartas, runas etc.) pretenden definir el futuro y sus consecuencias con papeles o piedras u otros materiales simbólicos. Daisaku Ikeda nos muestra en qué ámbito y qué es lo que podemos entender como sobrenatural y nos enfoca en las tres pruebas, en su disertación: “La única manera de cimentar un futuro pacífico es educar a cada joven sucesor para que sea un adulto con la capacidad de mil personas”.
(Para la forja del Grupo Futuro)
Daisaku Ikeda, Presidente de la SGI.
Y dice así:
Si adoptamos una actitud negativa y pensamos: “¿Por qué no logro los resultados que quiero, cuando ya he estado empeñándome tanto?”, es muy probable que, por esa misma actitud, no veamos resultado alguno. La fe no debería basarse en las reacciones temperamentales, sino por desarrollar coraje y valentía. Para ser felices, tenemos que tener una fe valerosa. Acorde con la siguiente historia, la reina Pura Virtud posee una sabiduría que proviene de su misericordia y de su solidaridad benevolente. Por eso ella sabe que los hijos no lograrán nada, si enfrentan abruptamente al padre para hablarle del Budismo. Así que, les aconseja cómo actuar. Les dice: “Tenéis que manifestar algún prodigio sobrenatural frente a él. Cuando lo vea, su mente sin falta se purificará y se limpiará, y entonces nos dejará que vayamos junto al Buda”. En otras palabras, entiende que no va a servir de nada con tan sólo pedirle al padre que cambie. Así que los “orienta” de qué forma proceder, mostrarle al padre con sus acciones, que ellos mismos han cambiado.
Luego, los dos hijos van directamente hacia el padre a mostrarle sus facultades sobrenaturales. Saltan en el aire y allí caminan de un lado a otro, libremente, y se echan de espaldas; generan fuego y agua en su propio cuerpo, y luego recuperan su forma original. El Sutra explica que manifiestan todas estas cualidades sobrenaturales por su amor genuino y su benevolencia hacia el padre. Lo cierto es que el Rey Adorno Maravilloso se queda fascinado al ver la capacidad sobrenatural de sus hijos. No hay ningún padre o madre que sea indiferente al ver el desarrollo espléndido de sus hijos… y finalmente el Rey une las palmas de las manos y le dice a sus hijos: “¿Quién es vuestro maestro? ¿De quién sois discípulos?”. Y ambos le responden, con orgullo: “Nuestro maestro es el Buda que expone el Sutra del Loto, y nosotros somos sus discípulos”. Entonces, el Rey decide: “Me gustaría ir ya mismo a conocer a vuestro mentor. Podéis venir conmigo”.
La anterior historia revela que la fe puede lograr hacer posible, hasta lo que parece imposible de lograr. En otras palabras las cualidades sobrenaturales se refieren a la transformación de nuestras vidas como seres humanos. El Presidente Ikeda dice: “Así es la fuerza de las pruebas reales. Nada es más fuerte que un resultado concreto. Los hijos del Rey muestran una sorprendente prueba de su revolución humana”. El Daishonin dice: “Nada es más certero que la prueba real”. Y también en otra parte dice: “Más valiosa que la razón y que la prueba documental es la prueba de los hechos concretos”.
En especial, los familiares necesitan ver pruebas reales, porque son los que más nos conocen. Por muy importantes que aparentemos ser fuera del hogar, nuestra familia es la que nos conoce tal como somos dentro del hogar. En pocas palabras, al final lo que cuenta es nuestra revolución humana y no dejarnos desalentar si al principio, nuestros familiares no aceptan nuestra práctica. Dependerá de nuestra sabiduría, misericordia y persistencia el que podamos acercarlos a la práctica de nuestra fe.
El poder de la clarividencia y entendido como fue explicado anteriormente puede ser desarrollado con un entrenamiento adecuado y vincularse con nuestra capacidad de entender el mundo fenomenológico a través de nuestros cinco sentidos (las primeras cinco conciencias) y los fenómenos sobrenaturales basados en la anterior explicación de Ikeda, vinculados con nuestro entorno material y espiritual (sexta y séptima conciencia), entendiendo que nuestra experiencia y capacidad intuitiva se vincula de manera relativamente sencilla con los acontecimientos de nuestro entorno, pudiendo así deducir lo que puede suceder en un momento dado a las personas o a la sociedad en forma general. Los poderes sobrenaturales están vinculados y limitados con la sexta conciencia (el mundo material). La séptima, como ya explicamos anteriormente, está vinculada al mundo espiritual, y no al mundo de los fenómenos tangibles, por lo tanto es imperceptible desde el punto de vista práctico y para los fines que pretenden usar los practicantes de “Enseñanzas Inferiores”.
“El Origen Dependiente es uno de los conceptos budistas más importantes. Sostiene que todos los seres y fenómenos existen u ocurren en relación a otros seres o fenómenos. Todo se halla entrelazado en una intrincada red de causas y conexiones. Nada puede existir u ocurrir –ni en el mundo de los asuntos humanos ni el de los fenómenos naturales- sólo por su propio antojo”. (Daisaku Ikeda. El Nuevo Humanismo, Pág. 260).
Sin embargo cuando hablamos de la octava conciencia, nos encontramos tan alejados del mundo tangible que resulta complejo su entendimiento, trasciende nuestra percepción. Según el concepto del Gran Vehículo, la octava conciencia corresponde a la Ley del Corazón. No obstante, ella incluye también las tribulaciones y los sufrimientos. La novena conciencia equivale al “palacio de la Ley del Corazón” y permite la purificación de las seis conciencias. (Seikyo Criollo de Abril de 1996, Nº 293, Pág. 10).
Cuando practicamos correctamente las Enseñanzas de Nichiren Daishonin de la manera en que nos guía la Soka Gakkai, despertamos a nuestra Budeidad Interior y comprendemos con nuestra vida que a través de la fuerza de Ley Mística es posible librarnos de los sufrimientos, esto no es otra cosa que manifestar nuestra Budeidad.
Es necesario que practiquemos el Budismo tal como lo enseña el Buda. En el Gosho Carta a Niike Saeno no-jo, Nichiren nos expone lo siguiente: “La fe en este Sutra significa que usted, con toda certeza, manifestará la Budeidad si es fiel a la totalidad del Sutra del Loto, y si se adhiriere a sus enseñanzas con exactitud, sin agregarles ninguna idea propia y sin seguir las interpretaciones arbitrarias de los demás.” (Nuevo Milenio, Vol. 2, “Los principales escritos de Nichiren Daishonin”, Pág. 76). Esta frase del Gosho puede parecer sumamente limitativa y fuerte, particularmente a nosotros en Occidente, que nos fascina exponer nuestras ideas abiertamente y aplicar nuestros puntos de vista sobre todos los aspectos que manejamos, pensamos y vemos en nuestro entorno, abstractos o no, exponiendo constantemente nuestros criterios sobre cualquier tema. Sin embargo, si deseamos llegar al Camino de la Budeidad en esta existencia, hemos de tomar la guía correcta y seleccionar el Maestro que nos lleve por ese camino de manera absoluta, tal es la convicción que debemos tomar y para ello practicamos en la Soka Gakkai junto a nuestro mentor Ikeda Sensei.
Debemos aprender a ser Maestros de Nuestra Mente y de nosotros mismos, tal como lo dice Ikeda Sensei. “Vivan fieles a ustedes mismos, decía Mis maestro Josei Toda, segundo presidente de la Soka Gakkai. Sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial y salió de ese espanto más que decidido que nunca para trabajar por la Paz. En la anomia que se cernía sobre el Japón luego de la derrota bélica, mientras el pueblo se debatía entre la desolación espiritual y la subversión de todos los valores establecidos, Toda regresó al mismísimo punto inicial, a la condición humana, y nos exhortó a que recreáramos nuestra propia Revolución Humana interior. Su enseñanza revitalizó la enseñanza del Buda Shakyamuni: cada uno es su propio maestro, y uno tan bueno, como ningún otro podría serlo; si nos disciplinamos bien, lo que obtendremos será un maestro sin parangón. A este mismo proceso, en términos modernos lo llamamos Revolución Humana. (Daisaku Ikeda. El Nuevo Humanismo, Pág. 66)
Cualquiera que sea nuestro Karma o sufrimiento, si perseveramos en la práctica, podremos purificar nuestra vida y lograr nuestra Revolución Humana. Esto no es otra cosa que asumir con responsabilidad la Ley de Causa y Efecto en nuestras vidas, evitando atribuir a los demás o a factores externos, aquello que nos sucede, sin escapar de la realidad que nos cobija en nuestra vida diaria, es así que entonando Nam Miojo rengue Kyo podremos manifestar nuestro naturaleza de Buda, cualquiera que sea nuestra situación actual. La creencia en Ciencias Ocultas y Enseñanzas Inferiores son muestra de una búsqueda basada en nuestra Oscuridad Fundamental, que niega la esencia misma de nuestra naturaleza de Buda y nos dirige de manera inequívoca a la tergiversación de la realidad fenomenológica y nos lleva igualmente a la creación de antivalores en nuestra existencia actual, por responsabilizar y esperar de factores externos la solución y respuestas a nuestro diario acontecer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario